dilluns, 24 d’agost de 2009

Nota de premsa


Ante distinguido público dió, el doctor Victor Melcior su anunciada conferencia, organizada por el «Institut Médic-social de Catalunya» en el Ateneo Barcelonés.
Como estudio previo de las condiciones de los niños anormales, empezó planteando y resolviendo la cuestión del niño anormal; y con este motivo censuró el concepto que de la anormalidad tienen muchos, pues la miran como si fuese sinónima de vulgaridad, cuando debería entenderse que normal viene de norma y norma de guía; y tomar como norma la vulgaridad, es condenarse eternamente á ella, negando el progreso impulsado por los genios.No se está, por tanto, en lo justo cuando se fija como patrón normal la vulgaridad corriente, ni la mediana, ni siquiera el talento superior, sino que es preciso tomar como guías como luminares de los destinos de la humanidad, á los genios, bien que dejando intangible el valor que como individuo; social tiene todo hombre, pues la división del trabajo exige que se perpetúen las unidades de aptitud variada para dar á aquélla eficaz cumplimiento. Analizó la evolución de los organismos humanos y demostró la existencia de un principio fomentador de vida y progreso, que el conferenciante formuló así: «cuando los actos son antihumanos, son inmorales; y al ser inmorales, son patológicos. Al ocuparse en el niño anormal señaló los defectos ó excesos de función que padecen, los cuales son tan variados, que, en rigor científico, puede decirse que no hay dos casos en absoluto iguales. Citó estadísticas elocuentes, que demuestran la posibilidad de obtener en ellos transformaciones radicales, en el sentido de mejoría, hasta en los mismos idiotas, que son entre los anormales lo' de más difícil curación. Como tratamiento inmediato de la anormalidad preconizó las escuelas médico-pedagógicas é Institutos ortoírénicos, institución esta última que las necesidades sociales reclaman con urgencia y que resultaría una excelente obra, tanto en el sentido de saneamiento social y educación de los anormales como en el de rendimiento económico para sus fundadores. Cree que de ningún modo se debe confiar en el formulista Estado para la instalación de esos Institutos, y que la iniciativa privada es la única capaz de decidir que esta magna y humana empresa se realice.
Al terminar, el doctor Melcior fue muy aplaudido.

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