dilluns, 24 d’agost de 2009

Pere Aldavert va escriure.

El 19 de Juny de 1908, Pere Aldavert va escriure a "La Vanguardia":

¿Puede considerarse la voluntad como una fuerza medicatriz?. Memoria de don Víctor Melcior Farré, premiada por la Real Academia de Medicina de Madrid.— 1908.
El tema propuesto en 1907 por la Academia de Madrid era de palpitante actualidad, y sigue siéndolo. Pasaron felizmente aquellos tiempos en que «la filosofía» de los médicos se reducía á divagar sobre la luz del Tabor ó la inmortalidad del cangrejo, con citas de Aristóteles, Hipócrates, Anaxágoras y San Agustín; vitalistas y materialistas andaban á lagreña, y acudían al campo del honor dos eminentes catedráticos, por cierto catalanes, para dirimir quién tenía razón, si el «Anciano de Cóos» ó El Pabellón Médico.
Tiempos ingenuos y candorosos en que había quienes, anticipándose á la entrada del profesor,— atrasadísimo vitalista,— escribían en el encerado recetas que contenían dos araonas de fuerza vital y media onza de fuerza medicatriz, en que los vitalistas escarnecían á sus contrarios con los más abyectos motes, y repartían suspensos á granel, según las contestaciones oliesen ó dejasen de oler á Pedro Mata. A Dios gracias, pasó aquel período estéril, vacuo y apasionado por nonadas enteramente extrañas al arte, ó si se quiere ciencia de curar. Ya nadie es capaz de sostener la doctrina de la «generación espontánea»; le ha precisado el concepto de la vis medicatrix, y aun se empieza á notar cierto reflujo, que conduciría á la restauración de las diátesis antigua i la mandada retirar, si las había. La Memoria del señor Melcior Farré es una demostración palmaria de la vasta ilustración, el claro juicio y la acrisolada experiencia de su autor; sólo deja que desear en cuanto á lo que podríamos llamar su composición; es un trabajo demasiado literario y podría suprimirse algún capítulo sobre las pasadas contiendas entre filósofos blancos y filósofos colorados. Ya en el terreno práctico, enumera el autorl as pruebas evidentes de cierta influencia de lo físico sobre lo moral, y entra á definir el concepto de la fuerza medicatriz. Los médicos antiguos no tenían medios para demostrar experimentalmente sus intuiciones, pero indudablemente tenían buena nariz: no podían presentar vivito y coleando un bacüo-virgula, pero afirmaban que él cólera era originado por unos miasmas; no habían atinado en los Austerllitz y los Sedanes de microbios y fagocitos, sustituidos luego por las cenas de Lucrecia Borgia de las toxinas y las anti-toxinas, y á eso le llamaban fuerza medicatriz, la cual no es en suma más que un aspecto dela fuerza vital, que necesariamente hay queadmitir, mientras no se demuestre que bastan las propiedades físico-químicas para explicar la vida. Ahora bien: ¿puede concebirse que logre obrar la voluntad como una fuerza medicatriz?. La respuesta es que sí, y cien veces sí. La fuerza de voluntad puede curar muchas dolencias, de igual manera que se curan muchas otras con la fé, que es la voluntad de no tener voluntad y la sumisión ciega á otra voluntad superior. Así se explican muchos hechos que sólo podrían poner en duda el M. Eomais de Gustavo Flaubert y sus innumerables correligionarios. En cambio aun con todos agentes naturales y artificiales de todos los arsenales de la terapéutica podría ser imposible curar á un abúlico ó á un descreído.
El laureado autor estudia con notable sagacidad así las causas de debilitación de la voluntad como los medios más idóneos para fortificarla y coordinarla; sienta excelentes preceptos psicoterápicos y mecanoterápicos y deja establecido con toda seguridad que positivamente la voluntad puede funcionar como una «fuerza curativa». Lo que hay, digámoslo en honor a la verdad, es que precisa cultivar ese músculo del alma como se cultivan los musculos del cuerpo.
Per fer la dotzena, por Pere Aldavert. — Barcelona,1908.

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